Sebastian
«Al fin vino la acusación temida y deseada a la vez. El joven oficial compareció delante del emperador. Maximiano, hombre tosco y sin educación ninguna, que apenas sabía expresarse en un latín decente, le habló con su lenguaje vulgar y soez. Las creencias religiosas de Sebastián equivalían para él a la más negra traición. Parecíale un milagro que un cristiano hubiera estado mandando a los hombres de su guardia y que él estuviese con vida. Conminóle a sacrificar, pero encontró una resuelta negativa. Ciego entonces de furor, llamó a los soldados de su cohorte, y allí mismo, en el parque, atado a un árbol, despojado de los distintivos de la milicia, mandó que le asaeteasen. Así se le ha imaginado la tradición popular a través de las edades cristianas; así le han representado los artistas en el lienzo y en el mármol. El grupo de arqueros bárbaros cubre sus miembros atléticos de una selva de flechas; manan arroyos de sangre de su carne despedazada; tiembla su cuerpo estremecido por el dolor, oprimido por los nudosos cordeles; sus ojos se clavan en el cielo suplicantes e indulgentes; sus labios sonríen en un gesto de acción de gracias, y su frente varonil, nimbada de un halo de luz, permanece erguida, aceptando la plenitud del sacrificio. Hasta que las fuerzas faltan, la vida se agota, y el rostro cae sobre el pecho, erizado de hierros punzantes. Los legionarios, vacías las aljabas, se retiran mascullando torpes canciones. Han cumplido su tarea...
Sebastiane (1976) Derek Jarman
Pero el emperador no puede olvidar al mancebo. El que antes velaba por su seguridad, ahora turba su reposo. ¿Por qué aquel hermoso rostro, lleno de claridad, sigue grabado en su imaginación? En su imaginación y en sus ojos. Una mañana, bajando la escalinata del palacio, oye que alguien pronuncia su nombre. No es una alucinación. Allá, en el fondo, se yergue la imagen que le obsesiona. Es Sebastián, el centurión. Si el rostro demacrado y pálido pudiera desorientar, le delata su actitud serena, la confianza de su mirada y las cicatrices que en sus brazos y en su pecho deja entrever la clámide.
—¿Quién eres tú, que te atreves a pronunciar mi nombre?—grita colérico el tirano.
—Un hombre que viene casi del reino de la muerte—dícele el redivivo... Y habla de justicia, de venganza, de misericordia, de perdón..., hasta que los maceros le derriban en tierra, anegado en un charco de sangre.»
Retirado daqui
"Is that what love is? Using people? And maybe that's what hate is - not being able to use people."
Catherine Holly in Suddeenly, Last Summer
Sebastian sempre foi um nome de que gostei, não só por causa das analogias com pessoas e personagens gays, mas porque gosto...
ResponderEliminarSe tivesse tido um filho, ter.se-ia chamado Sebastian...
"Somebody called me Sebastian..."
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